Jorge Buenfil: “Hay que regresarle a la música popular un poquito de lo mucho que le debemos”
El destacado músico y compositor yucateco se suma a Ko'ox Paxik Trova (Vamos a tocar trova), ensamble estatal y programa de formación musical que forma parte de una estrategia más amplia de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta) llamada Paaxil Kuxtal: Música para la Vida.

Entre partituras y guitarras de colores Jorge Buenfil, Óscar Cano y Darwin Valencia enseñan a manos pequeñas nuevas formas de mantener viva la memoria musical de Yucatán en Ko'ox Paxik Trova (Vamos a tocar trova), ensamble de formación musical de la Sedeculta que, como parte del programa Paaxil Kuxtal: Música para la vida, acerca la tradición trovadoresca a niñas, niños y jóvenes de los municipios.
Para que la tradición continúe, es necesario que las oportunidades de formación lleguen también a las comunidades. Rocío Acosta Novelo, jefa de Vinculación y Educación de la Sedeculta, explica que Paaxil Kuxtal: Música para la vida, se sostiene mediante la colaboración entre la Sedeculta, los ayuntamientos y los maestros de música locales.
—¿Cuáles han sido los principales retos para llevar el programa a los municipios?
—Hemos trabajado con los ayuntamientos como aliados institucionales. El programa CREA nos permitió conocer mejor la realidad cultural del estado e identificar municipios con condiciones y disposición para participar.
Este año establecimos seis sedes regionales, donde se reúnen participantes de localidades cercanas. Realizamos más de 18 visitas a esas sedes, capacitaciones en Mérida para maestros de música municipales y más de 14 sesiones virtuales con alumnos y docentes.
Los ayuntamientos colaboran con espacios de trabajo y, en algunos casos, instrumentos musicales. Por su parte, la Sedeculta organiza la logística, traslada a los asesores y proporciona materiales como arreglos, partituras, particelas y tutoriales, disponibles sin costo.
Es un esfuerzo de planeación y colaboración, pero la respuesta de los alumnos demuestra que vale la pena.

—¿Qué impacto ha observado en las comunidades?
—El programa no solamente ofrece formación musical; también genera convivencia y encuentros entre generaciones. Aunque la mayoría de los participantes son niñas, niños y adolescentes, también se han sumado adultos. El año pasado tuvimos en Progreso a una participante de más de ochenta años.
Hay imágenes que se quedan en la memoria: las guitarras rosas, azules, naranjas y cafés, que reflejan los gustos y la personalidad de cada alumno. Y hay algo que me impresiona especialmente: ver a un niño de diez años leyendo una partitura. Es extraordinario comprobar cómo adquieren conocimientos que pueden abrirles nuevas puertas.
Además, ya hay jóvenes que ingresaron a la Universidad de las Artes de Yucatán (UNAY). Eso demuestra que estamos contribuyendo a descubrir vocaciones y a construir caminos para quienes desean continuar su formación.
El año pasado también participaron jóvenes de ocho municipios en las actividades del Día del Trovador. Verlos compartir el espacio con figuras de la tradición fue emocionante: ellos son las nuevas semillas de nuestra música.
Rocío Acosta adelanta que el cierre de actividades contempla dos conciertos del Ensamble Estatal Koox Paaxil Trova, integrado por una selección de alumnos de los municipios participantes. Las presentaciones están programadas para el 14 de noviembre en la explanada del Palacio Municipal de Conkal y el 28 de noviembre en el atrio del exconvento de San Francisco de Asís, en Valladolid, con aproximadamente cien integrantes.
—Confiamos en que la Sedeculta seguirá impulsando este programa, alineado con los objetivos del Renacimiento Maya. Queremos ampliar la participación y, sobre todo, preservar, promover y cuidar el legado musical de Yucatán: nuestra trova —señala Rocío.

“No es música para viejitos”
Jorge Buenfil se integró apenas hace cinco meses al programa y aporta su experiencia con una firme convicción: la tradición debe conservar su calidad y sus raíces, pero también encontrar nuevas maneras de contar el mundo contemporáneo. “La trova no es música para viejitos”.
—Maestro Buenfil, ¿desde hace cuánto colabora en Koox Paaxil Trova y qué significa para usted formar parte del proyecto?
—Tengo aproximadamente cinco meses. La verdad, si no me hubieran buscado, yo los habría buscado a ellos, porque cuidar este tesoro que es la trova yucateca me parece primordial. He estado observando el trabajo para identificar algunos elementos de la trova antigua que los jóvenes a veces desconocen y que no debemos perder de vista. No se trata de regresar al pasado, sino de incorporar esos elementos a lo moderno, porque son los que le dan carácter y personalidad a nuestra trova.
—¿Cómo ha sido la respuesta de los alumnos?
—Es encantador ver la alegría con la que llegan y el empeño que ponen. Cuando empiezan a sonar los instrumentos, se emocionan y se encariñan con una música que quizá no estaba tan cerca de ellos. Al descubrirla, comprenden su dimensión.
También me entusiasma verlos concentrados en la música, en lugar de estar pendientes del celular. Los maestros Óscar Cano y Darwin Valencia hacen un trabajo extraordinario: saben combinar los juegos y la camaradería con la disciplina que requiere el aprendizaje.

Respetar dos cosas: la letra y la melodía
—¿Qué conocimientos musicales reciben los participantes?
—Se les enseña notación musical, armonía y afinación. También se cuidan las melodías originales de la trova, porque con el tiempo algunas se modifican o se van perdiendo.
Puedes interpretar una canción tradicional con un estilo de jazz, pero tienes que respetar dos cosas: la letra y la melodía. Esos elementos no deben alterarse. Hay que enseñarles a los jóvenes a conservar las canciones y, al mismo tiempo, darles herramientas para comprenderlas e interpretarlas musicalmente.
Es maravilloso ver que los niños comienzan a leer partituras. Eso les abre nuevas posibilidades.
Muchos talentos en ciernes
—¿Ha encontrado talentos entre los alumnos?
—Yo diría que no hemos encontrado un talento, sino muchos. Hay jóvenes que ya tocan muy bien y empiezan a definir su propia sonoridad. Porque cada persona imprime su personalidad al instrumento, le da una cadencia y una manera particular de expresarse.
Muchos llegaron con pocos conocimientos, pero han avanzado gracias a sus maestros. Si mantenemos este proyecto, estoy seguro de que surgirán músicos extraordinarios, tanto dentro de una agrupación como de manera individual.
—Más allá del aprendizaje musical, ¿qué aporta la trova a las infancias y juventudes?
—La música y el arte son una gran medicina. Te alejan de los vicios y de muchas cosas que pueden hacerte daño. He trabajado en otros espacios culturales y he visto cómo la incorporación del arte transforma los ambientes.
Pensemos en muchachos de ocho, diez o diecisiete años: están en una etapa fundamental de crecimiento y encuentran aquí un lugar para aprender, convivir y descubrir sus capacidades. Es un proceso lindísimo, como bañarse en aguas limpias.
Una trova que hable de nuestro tiempo
—¿Cómo acercar la trova a las nuevas generaciones sin perder sus raíces?
—No podemos pretender que los jóvenes la conozcan solamente a través de la manera en que se hacía en tiempos de Guty Cárdenas, porque pueden pensar que es música de viejitos. La composición también tiene que dialogar con el presente.
Las relaciones han cambiado. Hoy los muchachos se enamoran por WhatsApp, conversan por Messenger y viven experiencias distintas. Eso también hay que contarlo. Pero debemos conservar el ejemplo de quienes nos antecedieron: hacer las cosas bien, con respeto y calidad. Recuerdo esa idea presente en una canción de Pastor Cervera: puedes reclamarle algo a una mujer, pero nunca faltarle al respeto. Hay principios que deben permanecer, aunque cambie el lenguaje.
—¿Qué le gustaría que sus alumnos se llevaran de esta experiencia?
—El aprendizaje, por supuesto, pero también la convivencia en un espacio sano. Escuchar diferentes canciones, descubrir otras formas de poesía, participar en los arreglos y tocar juntos constituye un alimento maravilloso para los muchachos. Es emocionante verlos entusiasmados, concentrados en algo que les gusta y que les hace bien.
Antes de despedirnos, el maestro Buenfil deja una frase que resume su compromiso con la música popular y con quienes comienzan a descubrirla:
—Hay que regresarle a la música popular un poquito de lo mucho que le debemos.
Quizá esa reciprocidad comienza cuando una guitarra suena por primera vez en manos de un niño, cuando una partitura deja de ser un conjunto de signos incomprensibles o cuando una canción antigua encuentra palabras capaces de hablarle al presente.
Porque una herencia musical no sobrevive solamente cuando se recuerda. Sobrevive cuando alguien vuelve a hacerla sonar. Patricia Garma Montes de Oca / Afrodita Magazine Fotos: Cortesía Jorge Buenfil
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